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Testimonios


Fernando Jáuregui Monrroy - Siusai I y Marjuni

Ambos pueblos pertenecen a Abancay, distrito de Lambrama. Me encomendaron capacitar ambas comunidades. No son vecinas. Primero Siusay luego Marjuni. Eran 28 libros que tenían que desaparecer de mi mochila. Al final todos regresaron intactos.

En cuatro días caminé más que lo caminado en toda mi vida. Para empezar la combi que tenía que llevarme a Siusay no me llevó porque a mitad del largo camino se le bajó la llanta, y la de repuesto no estaba en su mejor momento. A las justas me dejaron en el ramal de Siusay, y de ahí se tenía que caminar aproximadamente una hora. Por una bendición divina coincidí con dos personas del lugar que me guiaron hasta el pueblo.
 

Con ellos ascendí por duras pendientes a través de atajos que sólo ellos conocían. Llegamos sin recibimientos antes de la puesta del sol. Eran días en que todos iban al campo a preparar el terreno. Busqué a la emprendedora y a las autoridades. Doña Victoria Romero tenía una tienda. No tenía computadora. Confiaba en la palabra del alcalde que les prometió regalar una pero dentro de 15 días.

A las 6 de la tarde bajaron de algún lugar gran parte de los hombres y se apostaron en la casa de uno de ellos para festejar la jornada. En ese grupo se encontraban dos autoridades. No perdí tiempo y me acerqué a ellos para aprovechar y presentarme. Ellos tampoco perdieron tiempo y me invitaron a sentarme y a compartir su alegría y descanso después del duro trabajo. No pude rechazar la invitación y tampoco pude rechazar los enormes vasos de chicha de maíz. Luego, me quisieron invitar algo que llamaban "milkito". Me decían:"tome nuestro milkito es rico". Ya la oscuridad ganó, no podía ver el color del dichoso líquido, tomé un poquito, y al rato, sin que se dieran cuenta lo escupí, escondido en una accidental tos. Ese milkito era el más corriente alcohol industrial. Y no contentos con eso, me di cuenta que uno de ellos empezó a rociarlo impunemente en la jarra de chicha. No me quedó otra alternativa que levantarme dar gracias y retirarme cortésmente.

Como no había forma de conseguir una computadora, sólo quedaba dar la charla de sensibilización. Me informó el presidente de la comunidad que la única forma de que me escuchen y me firmen es siguiéndolos hasta las andenerías. Salían a las cinco de la mañana y regresaban a las seis de la tarde. Durante el día el pueblo quedaba vacío.

Al día siguiente partí a las diez de la mañana. Ellos salían sin desayunar, sólo llevaban una bolsita de mote y su botella de milkito. Las esposas se quedaban a cocinar, luego les alcanzaban, al mediodía.

En cada grupo trabajaba alrededor de diez a quince personas. Todos se asombraron de que haya subido sólo para darles una charla. Siguieron siendo muy amables, pero esta vez ya no acepté ninguna copa más de milkito.

Localidad de Marjuni

La suerte llegó algo tarde para arribar a Marjuni, pero finalmente llegó. Partí a las cinco de la mañana de Lambrama en un expreso hasta el ramal Itunes. La gente del lugar me dijo que sólo los domingos había transporte hasta Marjuni. Entonces, sólo quedaba caminar unas tres horas desde ese ramal, según me decían.

Las nubes bajaron en mi auxilio. Caminé entre nubes y lloviznas. De todos modos era mejor que el sol. Pero ya estaba caminando más de tres horas y no avizoraba ningún pueblo. Hasta que encontré a un campesino a quién le informé mi destino y mi duda acerca de la distancia a Marjuni. Él me dijo que sólo había un atajo y que ya lo pasé, estaba a una hora. Continuar por la carretera me llevaría unas seis horas más.

Sólo te puede salvar algún expreso que a veces vienen directo de Abancay, pero es casi imposible que suba uno, porque la carretera está peligrosa. Luego se fue y no sabía que hacer. Si regresarme a buscar el atajo o esperar sentado el carro que nunca vendrá.

Finalmente llegó. Una comisión de la DREA de Abancay venía a Marjuni para solucionar un problema que los pobladores tuvieron con una profesora. Aprovecharía la situación para dar mi charla de sensibilización porque gran parte de los padres de familia estarían juntos. Las autoridades de la DREA me dieron permiso para que antes de su exposición pueda yo hacer la mía.

Ese mismo día llegó también el alcalde de Lambrama desde Abancay. Le pedimos que también les obsequiara una computadora, igual que en Siusay. Y por ganarse el aprecio del pueblo, aceptó sin remilgos. Luego, en el campo, participamos en un rito antiguo. Los hombres se sentaron formando dos columnas. En el medio extendieron manteles y encima pusieron platos de maíz y habas cocidas. Después sirvieron tarwi con tallarín. Un atento poblador nos consiguió los cubiertos respectivos: ramitas de árbol. Finalmente, me nombraron padrino de una chaquitaclla, tuve que donar unos cinco soles, y dejar que me manosearan el cuerpo, en las partes donde entran y salen elementos. Dizque así es el ritual.