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Testimonios


Fernando Jáuregui Monrroy - Taucamarca

Para un turista, no hay peor suerte que encontrar las carreteras cerradas, sin posibilidades de paso a los vehículos. Menos mal que yo andaba de viaje por trabajo. No había lugar para quejas. Había que llegar como sea a la localidad asignada. Pero nadie me dijo del riesgo que implicaría bajar por despeñaderos verticales.
 
Todavía me parece insólito el haberme atrevido a bajar solito la inverosímil quebrada. Pero el suplicio no terminó allí. Luego tuve que caminar una hora y media más con mis bultos, jalando la pesada bolsa de libros de papel couché. A medio camino, la resistente bolsa de rafia que me acompañó desde el inicio empezó a rendirse en cada uno de sus hilos que formaban las asas. Sin embargo, las fuerzas para continuar me venían de las nubes. Sin ellas, probablemente, hubiera tirado la toalla.

Según mi hoja de ruta, el emprendedor se llamaba Francisco Chile. Pero los pobladores que iba encontrando en el camino me decían que no existía tal persona; hasta que alguien me dijo que a quien andaba buscando era a Francisca Chile.

Taucamarca es un poblado que está ubicado encima de una loma. En todo el trayecto, mis ojos, mis oídos, mi olfato y mi tacto se han refrescado con los manantiales, con el verdor y la eucalíptica naturaleza. Como que caminar así valía realmente la pena.

Llegué a las nueve de la mañana. Por rutina, empezamos preguntando las direcciones de las casas del emprendedor y del presidente de la comunidad. Inesperadamente, en Taucamarca, ambas personas vivían bajo el mismo techo. Doña Francisca y Don Juan Ortogorín eran esposos.

La emprendedora no hablaba el castellano, pero sí lo entendía; y con su esposo no había inconvenientes. Después de explicarles sobre el proyecto y mi labor, Don Juan me hizo saber que su esposa no quería ser emprendedora por dos razones: porque era analfabeta y por el viaje que llevaría a cabo dentro de unos días. Sólo me quedaba formular una carta poder dándole a su esposo la prerrogativa del curso y autorizándole a que firmara los documentos establecidos.

La antena estaba bien instalada. Ese mismo día nos prestamos la computadora que tenía la comunidad. No podía estar mejor la señal de Internet. Además, como segundo emprendedor fue su hijo mayor que dominaba ya lo más básico de computación y de la Web. ¿Qué mejor compensación por todo el cansancio físico que encontrar una localidad con su antena y su computadora en buen estado, y la gente dispuesta a colaborar?

Pero existe la palabra tragedia. La vida fluye a cada pulsión del temido azar. No me había percatado que durante la noche el joven emprendedor bajaba el switcher de la antena, y en la madrugada volvía a encenderla. Y justo durante esa semana iniciaron una serie de cortes de energía eléctrica. El resultado fue que a los cinco días ya no teníamos señal de Internet. La antena seguía sonando como una olla hirviendo, sin embargo al parecer, se había descompensado la batería del UPS .

Los técnicos me dijeron que esperara por lo menos unas 5 horas y que prohíba a los emprendedores bajar el switcher, lo cual hice. Pero ellos temían que el recibo de luz les llegue muy caro como en Huasac, que es un pueblo que está a media hora caminando. La cuenta del servicio eléctrico de este pueblo había subido olímpicamente, de los 15 soles de toda la vida pagaron en el mes de octubre 120 soles.

La señal se normalizó a los días. El dictado de las clases terminó justo a tiempo. Luego clausuramos el curso sin mucha pompa. Antes de regresarme a Cusco, el joven emprendedor me llevó a visitar una cueva en la cima de una montaña donde yacían huesos humanos, al parecer con muchísimos años de antigüedad. Todavía quedaban restos de una pared de adobe levantada a la altura de la entrada de la cueva. Me dijo que quien osaba agarrar alguno de esos restos la mala suerte le perseguiría toda su vida.

Al parecer en un descuido rocé algún huesito porque para regresarme a Cusco tuve que caminar dos horas por un serpenteante y angostísimo camino al filo de una montaña. Y en ese trayecto sufrí lo indecible: me hundí en un pantano, y por poco me desbarranco hacia el río Vilcabamba.